En defensa de Valtonyc y contra la libertad de expresión

La persecución ideológica contra Valtonyc y otras personas pone sobre la mesa diversas cuestiones silenciadas por los medios de comunicación, las instituciones y los partidos del sistema. Existen temas tabúes odiados tanto por la derecha como por la izquierda oficial que no pueden ser pensados y aún menos hablados.

El Estado Español ha tenido una larga historia de lucha armada revolucionaria. Hay organizaciones muy evidentes pero la lista es mucho más extensa. Desde los tiempos de los Maquis y el DRIL, pasando por el FRAP, Defensa Interior, el MIL y las diferentes tendencias autónomas, la situación política y social ha dado pie a que gentes de diversa procedencia meditase sobre la idoneidad de utilizar la violencia para alcanzar sus objetivos. Puede que algunos estuviesen equivocados. Otros acabaron perpetrando auténticas barbaridades. Pero sobre todo esto hay dos realidades subyacentes. La primera, lo represivo del estado y la imposibilidad de lograr cambios substanciales por las vías políticas. La segunda, que una parte importante de la población ha formado parte de esas estructuras o simpatiza con ellas.

Resulta chocante que en pleno 2018, y cuando a todo el mundo le ha quedado más que claro que lo de los tiros no nos ha traído nada bueno, haya quien sea incapaz de entender que cuando un MC pide que los GRAPO le metan un bombazo al político o empresario de turno realmente no desea que eso pase ni tampoco quiere que nadie se sienta amenazado. Su mensaje refleja la frustración de quien se sabe luchando contra gigantes imbatibles. Es la rabia del joven humillado que sin medios para articular una respuesta organizada no encuentra más salida que escupir su odio en temas de tres minutos. Ni más ni menos. De esto a promover la formación de comandos que salgan a degollar fascistas, españoles y periodistas de OkDiario hay un paso. Realmente no es tan difícil de ver.

Con todo, no podemos obviar que vivimos en el medio que vivimos. El día a día de un ciudadano español no es jauja. Hay machismo, precariedad y desamparo. También tenemos largas esperas en urgencias, problemas para llegar a fin de mes y jornadas de trabajo interminables. Además, la mayoría de instituciones están podridas y si un político no roba, miente o se aprovecha de su posición de poder. La gente está cabreada y sí, algunos se vienen arriba y dan vía libre a su imaginación político social más calenturienta.

Ante esto nuestros jueces no tienen otra receta que el garrote y la mazmorra. Y tal falta de tacto da por pensar que ante la inexistencia de ninguna amenaza real están azuzando las aguas adrede a ver si así y con un poco de suerte salen unos cuantos terroristas de verdad a los que poder torturar y encarcelar. Si lo que realmente os preocupa son los exabruptos de algunos exaltados os proponemos una solución muy sencilla. Cambiad cosas, despedid algunos de los vuestros y limpiad un poco el patio. Seguro que así os insultarán un poco menos y como mínimo el resto de mortales no tendremos que seguir aguantando vuestros lloriqueos.

Tema aparte es todo el lío de las víctimas. En esto los organismos públicos son los primeros en meter la pata. El pasado 4 de mayo El Periódico explicaba la dura historia de una pareja a la que ETA le asesinó dos hijos y la hermana de ella en el atentado de Hipercor. Estas dos personas aún no han sido reconocidas por el Estado como víctimas del terrorismo porque ese día no estaban ahí. Parece que en 31 años tampoco han recibido ni una mísera llamada del Ministerio del Interior. Podríamos pensar que mienten o que lo suyo es un caso aislado pero revisando la hemeroteca es fácil dar con otras situaciones similares. Es triste, muy triste, que con realidades como esta la atención se focalice en los tuits de algún bromista con el humor demasiado grueso o las letras de cualquier cantante de segunda o tercera división.

¿Se debe permitir que uno diga lo que le de la gana? No, ni mucho menos. El problema es que salvo alguna excepción aquí, en el Reino de España, lo único que se protege es el derecho de los poderosos y sus secuaces de hacer, deshacer y decir sin deberse a nadie ni a nada.

Violadores y hombres agresores, Guardia Civiles, militares, periodistas del régimen, fascistas de pandereta, jueces y fiscales te pueden insultar, amenazar, acusar falsamente, acosar y mearse en tu dignidad que nadie moverá un dedo. Que se lo pregunten a los chavales de Alsasua o la víctima de la manada, que además de todo el pifostio mediático en torno a su relato tiene que aguantar los insultos y las salidas de tono que le ha dedicado en una carta uno de sus violadores.

Nosotros pensamos que una sociedad sana no debería tolerar, por poner algunos ejemplos, las opiniones clasistas y misóginas de personajes como Salvador Sostres, Arcadi Espada o el infame de Sánchez Drago. Ya lo dijo alguien con más solera que nosotros hace mucho tiempo: ninguna libertad a los enemigos de la libertad. Vamos, que lo de la libertad de expresión nos parece un cuento que se han montado algunos para hacer ver que dejan decir a todos pero solo hablar ellos. Quien manda decide qué temas son intocables. El problema es que a día de hoy los que están al timón son unos vendepatrias al servicio de los deseos más corruptos y decadentes que puede dar el corazón humano.

La última estocada. Volvamos a las analogías marineras. Si uno esta trabajando en un barco, pongamos que hablamos de un barco pirata, y le meten por enchufe a un capitán que no ha sido elegido por sus cualidades si no por ser el primo del armador y además se pasa todo el día tocándose las narices y cuando se cabrea amenaza con apalear a una parte de la tripulación, el deber del marinero no es ni mucho menos la obediencia. En una situación así el buen lobo de mar tiende siempre hacia el motín. Si no ni es lobo ni es marino ni es nada.

En esto estamos y muchas leyes tendrán que hacer para poder pararnos.

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